miércoles, 21 de marzo de 2007

LA DISCRIMINACIÓN EN LOS MEDIOS: NEGACIÓN DEL OTRO

La presencia del ciudadano o del “Otro” exigirá un cambio en los conceptos tradicionales de la ética.
por: José Antonio Jiménez

La tendencia actual de la gran mayoría de los medios de comunicación latinoamericanos y quizá del mundo es propiciar un desconocimiento del "otro", del ciudadano, del próximo a nosotros, como alguien realmente importante a quien se le puede influir y persuadir positivamente, formar y educar dentro de la sociedad de una manera planificada. Más bien, a ese otro, entendido como el rostro particular de un público anónimo se le ve como el sujeto a quien se le puede vaciar información, mensajes, sonidos y percepciones para que haga con ellos lo que desee, sin que importe nuestra responsabilidad por ello.

Serguei Lazarev, Director de la Unidad de Tolerancia de la UNESCO, sostiene sobre este fenómeno, que es necesario posicionar un periodismo contra la intolerancia pues genera discriminación desde los medios de comunicación tanto para los públicos heterogéneos, como para el interior de las organizaciones comunicativas. Acertadamente dice Serguei que "los medios de comunicación no son unos vectores neutros, sino que contribuyen a actuar sobre los comportamientos y mentalidades", es decir son capaces de crear o enraizar una cultura que desconoce la alteridad o esa posibilidad que poseemos de asumir el lugar o La piel del "otro"।
Si trasladamos los conceptos sobre la necesidad del otro que nos sugiere Emmanuel Levinas, el pensador judío fallecido a finales de los años noventas, a la realidad actual de los medios de comunicación y a la cultura de los periodistas, tendríamos que decir que éstos han olvidado que poseen una enorme responsabilidad social con "el tercero".
Néstor García Canclini, otro de los actuales investigadores de los fenómenos sociales aplicables a La comunicación también lo sostiene. Para los medios, lesionadores de la identidad de los pueblos, el otro importa como "consumidor" más no como ciudadano con derecho y capacidad de decidir. El medio y la prensa creen que tienen La potestad de decidir por el consumidor, y en virtud de él, amparados por encuesta s y mediciones de ra ting en el mejor de los casos, imponen usos, costumbres, formas de pensar y expresarse. Es su convicción arbitraria que lleva a medios y quienes ejercen el periodismo, a excluir, y violar así la garantía y el derecho a la diferencia y la tolerancia.
"La lucha contra la intolerancia forma parte, en efecto de la misión de los periodistas. Esto representa una fuerza contra todas las formas de sectarismo. Ellos desarrollan (tienen la capacidad para hacerlo) la responsabilidad colectiva en la lucha contra el racismo y la discriminación, y por lo tanto, la implicación de la sociedad civil, sin la cual nadie puede sobrevivir" dice Serguei, y por eso afirma que con urgencia se requiere formar periodistas en el mundo sensibles para la tolerancia y la aceptación de la diferencia.
Desde mi visión particular, que coincide con la de los investigadores españoles que promueven los postulados de la cultura de la paz de la UNESCO, Vincen Fisas y Xavier Markiegi Candina, se hace necesario, por lo menos para la prensa, además una nueva ética para el ejercicio del periodismo en donde se tenga en cuenta el valor y la necesidad del otro a fin de acabar con la discriminación que se promueve desde los medios de comunicación.
Y esa discriminación en los medios de comunicación ocurre cuando no todos los voceros y representantes de la sociedad tienen derecho a expresar sus opiniones e ideas, sino que son apartados de cualquier opción. Los discapacitados, los afectados por el transporte público, los que desean menos información de guerra, los que piden la difusión de los hechos productivos y ejemplares que ocurren en las ciudades, etc, y a quienes se les niega el acceso a los medios, bajo la falsa convicción de que lo que van a decir es aburridor, no vende, no trasciende ni beneficia los aspectos comerciales de la empresa.
En realidad una ética para el periodista que informa sobre la paz, la tolerancia y rechace la discriminación implica no solamente informar bien como acto moral, sino que las noticias sean tan neutrales como útiles para las demás personas. Es decir que tengan, orientación, sentido e identidad para el otro. No puede haber periodismo útil, si dicho beneficio no es percibida por el otro, desde su competencia misma, que es su mismicidad. Incluso un periodismo es insuficientemente útil (no completamente inútil, pues en ocasiones sirve a medias), si no descubre que mas allá del rostro de a quien se informa, trasciende una huella simbólica, y que dicho signo no puede ser otro elemento que el deseo porque haya mas tolerancia y paz en la sociedad, de acuerdo con Emmanuel Levinas.
Dicho de otra manera, un periodismo que informe sobre la base del rechazo a la discriminación y promueve la defensa de los demás derechos humanos la concebido como útil debe conllevar un valor de uso para el otro, no sólo como persona, sino también como ser social, acto que desde la moralidad dicha recepción debe ser positiva, pues desde el terreno de la inmoralidad podría ser también negativa. De hecho cuando se realiza el acto de informar, aun cuando se noticie bien desde la moralidad, puede resultar que "el otro" no le de el uso adecuado a dicha información, con lo que la intención del periodista no corresponde el efecto en el receptor, y la inmoralidad no estaría en el comunicador, sino en el ciudadano.
Pero de cualquier manera, independientemente del efecto que tenga en el ciudadano una información (sin que estemos ignorando dicho efecto) la presencia de ese otro como ser biológico, como ser espiritual y como ser social debe bastarnos para estar obligados a contar los hechos más importantes sobre la tolerancia y el derecho a no ser discriminado en busca del bien de dicha sociedad, y para ello hay que producir una retroalimentación que va más allá del radio individual, y se incrusta en el proceso de evaluar si la información le fue útil como ciudadano, es decir, si hubo una comunicación productiva.
Pues si el periodista le da valor al "otro", si se pone en el lugar de a quien se ha intentado discriminar, se tendrán mejores elementos de juicio y éticos para "tener en cuenta los puntos de las minorías en todos los medios de comunicación", lo que ya en sí generará una práctica cultural que ha hecho carrera en los medios, y que lleva a dominar sobre los demás temas en el espectro informativo de los medios, las noticias de guerra, violencia.
Y aquí estamos planteando no sólo una exclusión en los medios de comunicación del "otro" o el "tercero" a que se refiere Levinas, sino también de los temas informativos que debe recibir ese otro. Y aquí cabría la pregunta de por qué los medios de comunicación y los periodistas excluyen los temas de una comunicación productiva para la paz y los derechos humanos, y privilegian la de violencia? Porque creen que la "truculencia informativa" es aceptada con altos niveles de audiencia, y esto representa más ingresos económicos al medio, y porque tienen miedo a hacer el bien a los ciudadanos, en el estricto sentido de la palabra. Creen erróneamente que informar sobre la necesidad de ver al otro en su esencia como fórmula para no discriminarlo, no hace parte de su función y responsabilidad social.
"Ser dominado por el bien, es precisamente excluirse de la posibilidad misma de elección, excluirse de la coexistencia en el presente",(Levinas 1-103) en tanto que asirse del bien no lleva al periodista a ser esclavo del mismo, ni a apegarse a una neutralidad ante el mal (lo no ético) porque "el carácter avasallante de la responsabilidad que desborda la elección- de la obediencia anterior a la presentación o la representación del mandato que obliga a la responsabilidad- se anula por la bondad del bien que ordena (Levinas 1-101).
Al periodista por corresponderle una función social que se traslada a hacer el bien civil, debe entender y asumir al otro en el mismo plano de la sociedad. De acuerdo con Levinas, si para cada ser humano que se debate entre participar y no-participar de la sociedad en la que se mueve, vive e interactúa, sufre la experiencia de una inocencia o una culpabilidad, "de un camino sinuoso en donde me muevo entre la dominación sobre otros, la traición a mí mismo y el retorno a mí", mucho más es ésta eterna dualidad en los periodistas.
Cómo no ejercer el digno papel de ser protagonista de la sociedad, por ser constructor de la misma? Cómo no entregar lo mejor de su "yo", de su mismicidad y de su condición de alteridad para trabajar por la gente que lo necesita? Cómo abstraerse de la responsabilidad de la vida y de la muerte del otro, a quién informa, y quien es víctima de una violencia armada, estructural o cultural, y de la misma guerra? Cómo vencer el anonimato social en que se encuentra ahora, en virtud de la imposición transcultural que trae consigo la globalización y que presiona para que se mantenga atado?
Pero, si abandonamos por un segundo la esfera de lo periodístico, y nos pasamos a la competencia de lo civil, y nos fijamos en cualquier ciudadano, éstas mismas preguntas le corresponden a éste en tanto y en cuanto éste es parte de la sociedad. Luego, como el periodista es también ciudadano, tiene doble responsabilidad con la sociedad: Una como profesional y la otra como ciudadano.
Por eso el periodista está en deuda con la sociedad, y está en deuda con el otro. El ser social, para Levinas es El Tercero. Y la deuda con ese tercero genera una culpa. La culpabilidad social no puede, según Lévinas, lavarse con una "buena conciencia" aplacada por la caridad, pues ésta persiste. Pero en Levinas, la culpa puede mitigarse, necesitando al otro para hacer el bien.
En consonancia, el periodista está obligado a practicar el bien a la sociedad en el plano social (porque allí hay muchos otros), y el bien al otro en el plano individual. Reconocer el más allá o la huella del hombre en el trasfondo, es ayudar a entender el mundo del otro, pues lo extraordinario está inserto en el orden, y allí hay una significación, un símbolo que trasciende el rostro del otro. Dicho de otra manera, la huella que está presente en el rostro del otro, de acuerdo con Levinas, sirve para aclarar opciones de practicar el bien.
Como la realidad social contiene la presencia del tercero (que no debe ser visto como el otro lejano), y el periodista tiene una responsabilidad que supera la intención, y lo lleva al terreno del otro en el discurso, corresponde por efecto de practicar éste productivamente, construir vínculos de moralidad y de ética.
Y así se justifica el que el periodista que quiere difundir noticias e informaciones que no excluyan ni discriminen, pueda trabajar por el bien de la comunidad, no sólo participando de ella a través de la correcta y ética emisión de las noticias, sino efectuando labores productivas a favor de esos otros, que en el plano social, serían ellos.
De hecho, Levinas dice que la vida ética comienza con el cuidado del prójimo más inmediato que conlleva a cuidar de todos los otros(la sociedad) derivando así en una forma justa de ver El Tercero que se traslada además de una justicia moral, también en una política.