lunes, 9 de abril de 2007

Comunicación y cultura organizacional en la era

Por: Abraham Nosnik O. (1)

Presentación.

En la presente colaboración intento relacionar teóricamente cuatro términos: comunicación, cultura, organización e incertidumbre. Para ello recurriré primero al análisis de las consecuencias involuntarias e imprevistas de la acción humana. Habiendo establecido la riqueza de examinar dichas consecuencias en el quehacer creativo humano mostraré cómo los cuatro conceptos mencionados al inicio tienen una base epistemológica común, precisamente, en el estudio objetivo de las creaciones humanas.

Lo anterior establecerá, espero, un marco de referencia para reflexionar acerca de la naturaleza de la comunicación y la cultura en el mundo de las organizaciones. La realidad global del mundo organizacional de hoy en día, quizá sobra decirlo, es tal que no puede alcanzarse a ver en su totalidad pues estamos en medio “de un desorden que esperamos se convierta en un orden”, para utilizar la expresión de Peter Drucker, prestigiado estudioso de las tendencias que desde ahora ya perfilan un futuro difícil de discernir. (Ver, Drucker, 2001)

1. El estudio objetivo de lo incierto.

En su Búsqueda sin Término, Popper (1985) afirma que los seres humanos realizamos descubrimientos importantes, en ocasiones sorprendentes, a partir de nuestras propias creaciones. En ocasión de realizar un recuento de su vida intelectual, nos recuerda cómo fueron los propios humanos que inventaron tanto los números como la serie numérica (es decir, el ordenamiento de éstos de menor a mayor magnitud). Sin embargo, como parte del desempeño de dichas invenciones están contenidos en ellas los descubrimientos de problemas antes no previstos y fuera del control de quienes inventaron tales herramientas simbólicas. En concreto, Popper se refiere al hecho de que, como parte del estudio de la naturaleza tanto de los números como de las series numéricas está la realidad de los números primos, es decir, cantidades que sólo son divisibles entre ellos mismos y la unidad. Esta consecuencia involuntaria e imprevista de una invención humana tiene implicaciones que son relevantes a lo que intento exponer como la base epistemológica común entre los cuatro términos centrales de mi exposición: comunicación, cultura, organización (u organizaciones) e incertidumbre.






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1.1. El estudio objetivo de las consecuencias involuntarias e imprevistas de las
creaciones humanas.

Sir Karl Raimund Popper (1902-1994) filósofo inglés de origen austriaco evolucionó en su pensamiento epistemológico de la física a la biología. Como parte de este cambio de disciplinas científicas en la base de su teoría del conocimiento, Popper recurrió frecuentemente a una explicación que él denominó la Teoría de los Tres Mundos. (Ver por ejemplo su Conocimiento Objetivo, 1979, en especial los ensayos 3 y 4).

La mencionada teoría es en sí misma muy sencilla aunque muy rica en sus implicaciones. Afirma este autor que la realidad conocible se compone de tres ámbitos: el físico o de las cosas o de los estados físicos; el social o de la subjetividad individual de las personas y el objetivo o de los productos de la mente. El primero es llamado “mundo 1”; el segundo “mundo dos” y el tercero “mundo tres”. Por supuesto, Popper defiende la idea de que estos mundos se presentan como interacciones entre ellos mismos en la realidad.

De lo anterior, queda claro que el mundo 1 es el mundo de la Naturaleza; el mundo 2 es el mundo de la naturaleza humana y el mundo 3 es el mundo de la naturaleza de las creaciones humanas. Para Popper las creaciones humanas son “productos de la mente” y, entre otras cosas, contienen las invenciones, descubrimientos y obras científicas, artísticas, tecnológicas y culturales que constituyen el patrimonio universal de logros de la humanidad.

El estudio objetivo de los dos primeros ámbitos los llamamos comúnmente “ciencias naturales” (mundo 1) y “ciencias sociales o humanas” (mundo 2). Los logros más importantes en el estudio objetivo de dichas ciencias son, respectivamente, las “leyes de la Naturaleza o leyes naturales” y las “leyes sociales y humanas”. Sin embargo, en este último punto existe gran controversia pues hay filósofos, científicos y humanistas, entre ellos el mismo Popper, que reconocen que hablar de leyes sociales o humanas (entre ellas de forma notable las de carácter histórico) omiten una realidad fundamental de la vida de los individuos en sociedad: la existencia del libre albedrío como capacidad humana y la necesidad de la libertad como parte de las condiciones mínimas aceptables que requerimos los humanos para ser creativos y vivir con dignidad.







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No es el caso de este ensayo polemizar y profundizar en el punto anterior, sólo valga recordar que en el ámbito de las ciencias sociales o humanas se debate aún la existencia y deseabilidad de leyes que expliquen la conducta particular y social de los individuos y de la convivencia colectiva en grupos, comunidades y en sociedad. En todo caso, el estudio objetivo de las ciencias sociales o humanas ha tenido como logro máximo la explicación de la capacidad inteligente, de discernimiento o racional reflejada en los actos individuales y colectivos de los seres humanos.

A primera vista no crea mayor problema aceptar que el ser humano, a pesar de sus progresos científicos, técnicos y tecnológicos, aún no controla los primeros dos mundos: el mundo de la Naturaleza y el mundo de la naturaleza humana. Es lógico pensar que, como no intervino originalmente en su concepción y diseño, el humano no controla la naturaleza de las cosas ni su propia naturaleza. Y, sin embargo, queda pendiente una pregunta en la presente argumentación: ¿quién y cómo se controla el mundo que el propio ser humano ha inventado junto con todos los descubrimientos potenciales en dichas creaciones?

Una respuesta casi intuitiva y rápida sería: el propio ser humano controla sus creaciones pues, finalmente, fueron los individuos de esta especie los que crearon tanto conceptos y cosmovisiones (ciencia y conocimientos), como artefactos y herramientas (tecnología) para sobrevivir, adaptarse y prosperar en una multitud de ambientes naturales (desde desiertos hasta tierras de eternas nieves) y una diversidad casi infinita de ambientes sociales (grupos, comunidades y culturas) que pueblan el planeta. Incluso dicha riqueza y pluralidad se refleja en las artes y en el arte de diferentes sociedades de diversas geografías donde habitan los seres humanos.

Desde mi punto de vista, uno de los descubrimientos más importantes de la filosofía del conocimiento de Popper es la propia explicación del mundo 3 como una “biología de nuestras creaciones”. Y aquí entran a la escena las mencionadas “consecuencias involuntarias e imprevistas”. Popper afirma que el mundo 3 es un mundo autónomo cuyo control no lo ejerce el ser humano desde su intención asegurando que el “efecto logrado” sea el “efecto deseado” desde un principio. El gobierno de este aspecto de la realidad está dado por los propios ámbitos de creatividad -yo los llamo “dominios”-. Las creaciones, ámbitos o dominios creativos o productos de la mente humana responden a su propia lógica de comportamiento o desempeño. Si queremos controlar dichos dominios debemos aprender de ellos. Y debemos aprender de la forma más honesta posible: identificando la carga de errores contenida en ellos y criticando nuestras creaciones de la forma más paciente, detallada y exhaustiva posibles.


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El ejercicio de criticar nuestras propias creaciones por medio de la identificación y superación de sus respectivos errores, Popper lo llama objetividad y ésta quedó definida en el mencionado aprendizaje de errores, en su llamado “principio de demarcación” entre ciencia, pseudociencia y metafísica. (Ver Popper, 1985, sección 8)

Nuestras creaciones son objetivas, por tanto, en la medida en que:

a) Son autónomas. No las podemos controlar con nuestra intención. El efecto que
causan y nos causan es materia de nuestro aprendizaje.

b) Son procesos imperfectos y sin fin. La mejora de nuestras creaciones depende
de nuestra capacidad de identificar sus errores. Identificados éstos podemos
superarlos y ello constituye su mejora. La mejora de nuestras propias
creaciones es, en sí misma, una actividad creativa sin límites.

c) Tienen efectos impredecibles y ajenos (por lo menos algunos) a sus propios
autores. Los inventores de los números y la serie numérica nunca imaginaron
que como parte de sus inventos, tiempo después, se iba a descubrir el
problema de la existencia de los números primos. Estos conocimientos no
sólo afectan a la aritmética sino a todo a lo que la aritmética se aplica en la
vida práctica.

Este efecto de independencia o autonomía del mundo 3 o de nuestras propias creaciones puede sintetizarse en la siguiente expresión: “la intención nunca es el efecto”.

La curiosa, o incómoda, conclusión de todo esto es que no controlamos ninguno de los tres mundos: ni el mundo de la Naturaleza; ni el mundo de la naturaleza humana, ni tampoco el mundo de nuestras propias creaciones. Si lo intentamos, creyendo que “nuestra intención se transforma en el efecto causado de las cosas entre sí y con respecto a nosotros (mundo 1); en el efecto causado de la subjetividad de los individuos entre sí y respecto de nosotros (mundo 2) y finalmente, en el efecto que esperamos causen nuestras creaciones a las cosas, a las personas y a otras creaciones (mundo 3)”, nos frustraremos e incluso podremos destruír mucho más de lo que intentamos construír en favor nuestro y de la propia sociedad.






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Si atendemos la definición de objetividad (aprender por medio de los errores identificados en nuestras creaciones y del intento de mejorarlas al superarlos) vemos implícita la propia incertidumbre. De mi parte podría afirmar que la expresión “la intención nunca es el efecto” sirve como la propia definición de incertidumbre y ésta es una evidencia más de la autonomía del mundo 3.

Por el hecho de que no podemos controlar el desempeño de nuestras creaciones y debemos tan sólo conformarnos con conocer su naturaleza por medio de lo que aprendemos de sus errores y su efecto en las cosas, personas y los dominios creativos en general, sabemos que la incertidumbre es una condición de independencia del mundo 3. O bien, que el estudio objetivo de nuestras creaciones nos lleva a apreciar que la incertidumbre es su condición: nunca sabemos cómo se comportarán éstas. Nadie lo puede predecir.

Así pues, se establece una especie de doble juego entre objetividad e incertidumbre. Porque podemos aprender objetivamente se evidencia la incertidumbre y porque el comportamiento de nuestras propias creaciones es incierto debemos ser objetivos si queremos acaso descubrir o conocer su naturaleza y efecto sobre el mundo (o los mundos, en todo caso).

1.2. Un quinto dominio creativo: las organizaciones.

Popper mismo menciona en su obra que entre los productos de la mente benéficos a la sociedad están las instituciones. Sin embargo, hasta donde tengo noticia, nunca profundizó en su estudio para identificar su naturaleza y comportamiento.

Las organizaciones son, como menciona el estudioso norteamericano Russell L. Ackoff, un ambiente artificial para protegerse del medio ambiente. (Ackoff, 1997) En términos de lo expuesto hasta ahora podríamos refrasear lo anterior con base en la Teoría de los Tres Mundos de la siguiente manera: las organizaciones son productos de la mente o creaciones o un ámbito o dominio creativo expresión del mundo 3 que nos ayudan a protegernos del mundo de la Naturaleza o mundo 1. No es evidente que Ackoff en su definición estuviese pensando en el ambiente creado por los mismos individuos, sin embargo creo que este mundo 2 también es relevante y aplicable a una definición de la naturaleza y función de las organizaciones. Si adicionamos dicho aspecto la definición completa sería algo así: las organizaciones son productos de la mente o creaciones o ámbitos o dominios creativos pertenecientes al mundo 3 que nos ayudan a protegernos tanto del mundo de la Naturaleza como de la propia naturaleza humana.



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Si se acepta la definición anterior como una razón válida de la existencia de las organizaciones como parte del mundo 3, entonces podemos enlistarlas junto con la ciencia, la tecnología, el arte y la cultura como un dominio creativo más. El Cuadro No. 1 contiene los cinco dominios de la creatividad humana con un ejemplo de cómo cada uno enfrenta su condición incierta, es decir, se ilustra cómo en cada dominio creativo la condición de que “la intención nunca es el efecto” afecta su desarrollo y comportamiento.

En dicho cuadro se expone cómo en ciencia, cuando se contrasta una hipótesis con la realidad, siempre se obtienen resultados que no están contemplados en las hipótesis iniciales: si no sucediera esto la ciencia como medio de generación de conocimiento novedoso nunca cumpliría su cometido. El cuadro también contiene la asimetría entre el diseño y el uso de artefactos en el ámbito de la tecnología. Drucker, ya citado, incluso aplica esta condición a la mercadotecnia: uno nunca sabe como proveedor qué es lo que está vendiendo hasta que el cliente lo consume. Es decir, la identidad de los artefactos (productos) que diseñamos lo da la funcionalidad al servicio del usuario.

En arte, en todas las artes, la incertidumbre puede ir por dos caminos. Por un lado, un artista debe someter a ciertas reglas aceptadas su creatividad para que su obra sea considerada con el mínimo de calidad en su propia rama del arte (uso del lenguaje, armonía, valores estéticos, etc.) Por otro, para que una expresión artística innovadora sea considerada una “obra de arte” debe, por lo menos en parte, romper con las reglas establecidas y sustituirlas por otras que, con el tiempo, se volverán estándares aceptados de creación en dicho ámbito artístico. Dígase lo mismo en cuestiones de la cultura considerada como el conjunto de valores, creencias, hábitos y costumbres de un grupo humano. Los líderes que intentan un cambio intencional en su cultura se encontrarán que el grupo que dirigen es selectivo: lo adoptado siempre es adaptado con base en las condiciones, la tradición y las apiraciones de dicho colectivo. También en el tema de productividad sucede lo incierto: casi siempre el objetivo planeado no corresponde perfectamente al resultado logrado: puede superarse o, incluso, no obtenerse del todo, pero siempre su evaluación estará enriquecida por la experiencia de intentar lograrlo.









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Cuadro No. 1: Los cinco dominios de la creatividad humana y su condición
incierta.

Dominio creativo La intención nunca es ... el efecto.

En ciencia Una es la hipótesis ... y otros los resultados
con los que se corrobora
su capacidad de predicción.

En tecnología Uno es el diseño del
artefacto ... y otra la función que cumple
o le asigna el usuario.

En arte Una es la necesidad de
autoexpresión del artista ... y otra que su creación logre
representar una realidad o
visión de forma excepcional.

En cultura Una es la intención de
modificar una creencia o una
costumbre ... y otra la adaptación de lo
adoptado a la condición del
grupo innovador.

En organizaciones Uno es el objetivo buscado ... y otro el resultado obtenido.


2. La naturaleza bivalente de la creatividad humana: mejora continua vs.
degeneración sin límite.

Toda creación humana nace impregnada con dos procesos opuestos pero complementarios: por un lado, una tendencia a aprender de sus propios errores y superarlos con imaginación e ingenio. A esta primera tendencia la identificaremos como “mejora continua”. Por otro lado, existe una segunda tendencia, opuesta a la primera, que se abandona a una inercia de autocomplacencia y mínimo esfuerzo por superar lo aberrante de lo creado. A esta segunda tendencia la nombramos “degeneración sin límite”. La mejora continua es un proceso muy socorrido en los procesos productivos y en especial el de la generación de la calidad. La degeneración sin límite es una expresión que el autor español de origen peruano Mario Vargas Llosa mencionó como un riesgo en el que puede caer América Latina, y por extensión cualquier sociedad, de no luchar e instituir la democracia en su ámbito como una fórmula permanente de lucha por lograr desarrollarse armónicamente como un todo.


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La mejora continua y la degeneración sin límite, pues, son los dos lados o ámbitos que presenta toda creación humana. La mejora y la degeneración, a su vez, constituyen una especie de juego, de “tensión creativa”, que todo ser humano y su colectividad enfrentan en busca de minimizar las consecuencias involuntarias o imprevistas de impacto negativo y maximizar las consecuencias positivas. Vale recordar que la mejora y la degeneración, o las consecuencias positivas y negativas, de nuestras creaciones se dan en los tres mundos Popperianos de lo físico (por ejemplo, en materia de salud la erradicación, o la imposibilidad de combate, de una enfermedad que amenaza una población), lo social (los conflictos sociales y políticos vividos por diferentes grupos que conviven en un mismo territorio geográfico) y lo creativo (la institucionalización, o el desconocimiento, de la ley como árbitro efectivo de disputas entre individuos, grupos, países, etc.).

La creatividad humana, pues, tiene doble valencia: positiva y negativa. Este punto lo retomaremos más adelante para exponer los siguientes temas.


3. El argumento de la comunicación productiva.

Hace algunos años expresé mi inquietud acerca de que la teoría de la comunicación se ha estancado en el estudio de la información y la retroalimentación. (Nosnik, 1996) No me refiero, por supuesto, a que tanto el estudio y la reflexión acerca de la producción y distribución de la información en una y dos direcciones es, de suyo, algo limitado. Mi preocupación va más en el sentido de que casi todas las explicaciones y modelos de comunicación conocidos hoy en día tienen como horizonte o destino final a la retroalimentación.

Surge la pregunta: ¿qué existe más allá de la retroalimentación?

Para contestar la pregunta anterior debo hacer referencia al trabajo del norteamericano Charles Morris (1946) que en su estudio del lenguaje dividió al mismo en tres aspectos o ámbitos: la sintáxis, la semántica y la pragmática.

La sintáxis es la parte del estudio del lenguaje que analiza sus gramáticas, es decir, la forma en que los diferentes elementos lingüísticos se ordenan para expresar ideas o pensamientos. Sabemos que existen los llamados lenguajes naturales y artificiales. Los primeros se expresan sin mediación de la tecnología entre el emisor y el receptor. Lenguajes naturales son el español, el inglés, el chino, el alemán, etc.



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Los lenguajes artificiales se derivan del progreso contenido de, entre otras, la obra de Bertrand Russell y Alfred North Whitehead Principia Mathematica y que se refieren a la lógica matemática o cálculo lógico y que, eventualmente, constituyó una de las bases para los lenguajes que activan y hacen funcionar los diferentes artefactos de la era digital que combinan tres tipos de tecnología: la satelital, la informática o la computacional (ordenadores) y la de los medios de comunicación social (contenidos, funciones y efectos). (2)

La sintáxis, pues, es el estudio de las reglas de las gramáticas tanto de lenguajes naturales como de los diferentes lenguajes de los medios tecnológicos (desde los mecánicos hasta los electrónicos y digitales) que utilizamos para poder expresar ideas o pensamientos a terceros.

La semántica, según algunos, contiene en su objeto de conocimiento el problema central y distintivo de la comunicación humana: la interpretación. La interpretación surge como la limitación de los lenguajes de transmitir significados: ningún lenguaje lo logra cuando mucho puede elicitarlos, es decir, provocar en terceros una estimulación tal que éstos buscan hacer sentido, interpretar, el mensaje que les ha llegado. Al centrarse la semántica en el problema de hacer sentido de la información, esta área del estudio de lenguaje se refiere por implicación también al problema de la difusión o distribución social de la misma, es decir, a la creación de comunidades humanas alrededor de la producción de mensajes. Nos referimos más concretamente a las redes de comunicación. De hecho, si atendemos la etimología latina del término comunicación (comunicare) ésta se da en la medida que existe una comunidad de informantes que interactúa y se influencia entre sí. La condición natural de la comunicación humana es, entonces, la red. Sin interacción humana no podemos hablar de la necesidad de la interpretación de los mensajes, de hacer sentido de ellos. Y viceversa: sin interpretación de los mensajes no puede existir comunidad entre los informantes. En su momento teóricos de la comunicación han identificado estas realidades -interpretación y redes- como los argumentos de la selectividad y de la conversación, respectivamente. (Ver Nosnik, 1991, pp. 83 y 84.)

Así, pues, han quedado identificados las dos primeras funciones y niveles de la comunicación: la producción o linealidad y la distribución o el dinamismo. Sin embargo, la hipótesis que expresa la comunicación productiva es que existe un tercer momento que, curiosamente, coincide con el trabajo de Morris en su estudio del lenguaje. Además de la sintáxis y la semántica, Morris identifica la prágmática como el ámbito donde se analiza la conducta humana como mensaje. Es decir, el lenguaje corporal, además del verbal, complementa el sistema de comunicación humana y le incorpora un nuevo elemento: el juego de la coherencia entre lo dicho y lo actuado.

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Lo productivo en comunicación corresponde a la pragmática en el estudio del lenguaje de Morris, como lo lineal a lo sintáctico y lo semántico a lo dinámico. La comunicación productiva, entonces, corresponde a la tercera función de todo sistema de comunicación: el uso inteligente de la información y la retroalimentación para cumplir los objetivos del sistema donde éstas surgen y operan.

Así las cosas, podemos establecer un paralelo entre niveles y funciones de los sistemas de comunicación y las tres áreas de estudio del lenguaje de Morris. El siguiente cuadro lo ilustra:


Cuadro No. 2: Paralelos entre niveles y funciones de la comunicación humana
y los tres ámbitos de estudio del lenguaje de Charles Morris.


Niveles de Funciones de la Ambitos de estudio
comunicación comunicación humana del lenguaje según
Morris.

Lineal Producción de mensajes Sintáxis: estudio de
o información. los lenguajes y sus
gramáticas.

Dinámico Difusión o distribución de Semántica: estudio
mensajes en red(es) o del entendimiento y
retroalimentación. desacuerdos entre
informantes.

Productivo Uso inteligente de la informa- Pragmática: estudio
ción y la retroalimentación de la conducta huma-
para cumplir los propósitos na como fuente de
de sistemas de convivencia información y retroa-
humana. limentación entre in-
formantes.

Los niveles de comunicación establecen la profundidad y alcance de los mensajes en un sistema de comunicación humana, o bien, la profundidad y alcance de la información en un sistema de convivencia humana, sea éste un sistema informal (como la familia, los amigos, etc.) o formal (organizaciones de carácter privado como las empresas, o gubernamental o filantrópico).


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Las funciones de la comunicación humana estudian la transformación de los mensajes unidireccionales en aquéllos que se dirigen en varios sentidos (información a retroalimentación) y del papel del uso de éstas (información y retroalimentación) en los logros individuales y colectivos en una sociedad. Por último, el estudio de Morris en este contexto nos ayuda a entender el papel del lenguaje -natural verbal y no verbal, y artificial- en la efectividad de los sistemas de comunicación humana y en los sistemas de convivencia humana en general.


4. Una idea sobre cultura.

En el Cuadro No. 1 incluí la condición de incertidumbre que enfrenta cualquier cultura como conjunto de valores, creencias, hábitos y costumbres de un grupo humano. El cambio que se busca intencional y racionalmente suele resultar en una “adaptación” más que una “adopción” de nuevos valores, creencias, hábitos o costumbres.

Hace un par de años el éxito de la película “Titanic” popularizó el interés y la información acerca de los icebergs. Como prácticamente todo el mundo sabe, el “iceberg” es una inmensa masa de hielo de origen glaciar que tiene tanto una parte aparente, que sobresale del océano o mar donde se encuentra, y otra parte oculta debajo del agua. Afirman los expertos que esta masa sólo deja ver el 10% del total de su volumen. Si este dato es correcto, la parte oculta constituye el 90% de dicho sistema.

Lo anterior me lleva a utilizar la metáfora del “iceberg” para intentar comunicar de forma clara una conjetura acerca de los sistemas culturales humanos. Desde mi perspectiva, y siguiendo la lógica del Cuadro No. 1, la parte innovadora de una cultura constituye tan sólo el 10% del sistema de actitudes y conductas racionales, conscientes y que buscan de forma intencional y aparente, “visible” si se quiere, su cambio. El resto, el 90% del sistema se constituye por conductas y actitudes inconscientes, históricas e inerciales que resisten de forma “oculta” al 10% que intenta su transformación. Aún más: logrado el cambio, éste se adapta y redefine en términos de las características generales del sistema cultural. La innovación resulta en una reinvención.

Tomemos la idea innovadora de la democracia que surge en Atenas hace más de 2,000 años y que se ha ido reinventando a lo largo del tiempo y de distintas geografías incluso de tal manera que lo que en una época y para un pueblo fue visto como natural ahora resulta una aberración. Por ejemplo, la aceptación de la existencia de esclavos en la sociedad.


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Podemos mencionar también el caso de la tecnología. “La viabilidad de una máquina”, afirma el historiador norteamericano Daniel J. Boorstin, “depende de su capacidad de crear su propia necesidad y de atraerse un ambiente que la haga (a la máquina) necesaria”. A este principio el autor lo identifica como la Ley de Selección Artificial. (Boorstin, 1994, p. 169)

Boorstin señala a las máquinas como pertenecientes a un “cuarto reino” (siendo los tres primeros, los tradicionales reino mineral, vegetal y animal). Afirma que este reino ha creado nuevos problemas, incluso algunos de ellos antinaturales, para nuestro futuro. Habla también de ritmos de cambio erráticos e incluso cataclísmicos.

En todo caso, lo que el historiador refiere como la “Ley de Selección Artificial” no es otra cosa que lo que hemos mencionado como la existencia de consecuencias involuntarias e imprevistas de la creatividad humana. Y el “cuarto reino” corresponde a una parte (la que incluye a las máquinas) de lo que Popper llamó “Mundo 3”.

La cultura o los sistemas culturales humanos libran una lucha en su interior por innovar, renovarse y reinventarse. Para ello confrontan su naturaleza “oculta” que corresponde a sus aspectos inerciales, históricos e inconscientes contra su autoimagen idealizada que sintetiza su visión del futuro donde reside una versión mejorada de su presente y hacia donde se canaliza el cambio racional, consciente e intencional para mejorar sus condiciones actuales.


5. La comunicación y la cultura organizacional en la era de la incertidumbre.

Hasta ahora intenté mostrar que la aventura de conocer la Naturaleza, la naturaleza humana y la naturaleza de nuestras creaciones está gobernada por condiciones de incertidumbre. Esta incertidumbre se manifiesta por el hecho de que nuestras “intenciones nunca resultan en lo esperado”. Sin embargo, los resultados retraolimentan y evalúan nuestros esfuerzos. El control, pues, descansa en nuestra tenacidad por identificar y superar errores y aprender en pensamiento y acción en los cinco dominios de creatividad: la ciencia, el arte, la tecnología, la cultura y las organizaciones.







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Recientemente intenté un ejercicio similar al presente en el ámbito de la historia de la administración. (Nosnik, 2000) En aquella ocasión mostré cómo la era global que vivimos hoy en día corresponde a la apertura a nuevos criterios o estándares de control de la productividad organizacional: criterios o estándares mundiales de calidad o de gestión.

La historia de la administración, así como aquélla de la comunicación, ha evolucionado de concepciones de sistemas cerrados a sistemas crecientemente abiertos y complejos. La administración, por su lado, ha ido de sistemas de supervisión externa, estricta y sancionadora del subordinado a sistemas de autosupervisión, autodirección y reconocimiento del colaborador. Tanto el sistema de jefatura como el sistema de colaboradores se acercan cada vez más a una comunidad de aprendices que comparten sinergéticamente capacidades, conocimientos y voluntades en función de objetivos comunes y superiores a sus intereses particulares y de grupo.

La comunicación por su lado, ha evolucionado de la producción unilateral de mensajes a la constitución de redes cada vez más participativas y abiertas donde prevalece más la horizontalidad para poder aprovechar la información y la capacidad de retroalimentación de la propia red en función de intereses comunitarios y sociales, además de los particulares y de grupo.

La cultura por su lado ha recorrido un largo y lento camino similar. De lo uniforme y excluyente a lo plural e incluyente como exigencia moral de signo moderno. (Ver Morris, 1998)

La incertidumbre ha pasado a ser, además de condición del mundo creativo humano expresada en la Ley de la consecuencias involuntarias e imprevistas, o Ley de la Selección Artificial de Boorstin, una característica de la apertura lenta, compleja y no exenta de problemas, de los sistemas comunicativos, culturales y productivos de inicio de siglo XXI.

En parte, estos problemas se deben a la naturaleza bivalente de la creatividad humana analizada en una sección anterior. Los sistemas comunicativos pueden producir tanto la información con la calidad y oportunidad requerida y deseada como la desinformación. La cultura puede producir tanto la innovación y el desarrollo de un grupo humano como la brecha y el dominio sobre otro grupo, y el retraso y agravio de comunidades y pueblos completos. Las organizaciones pueden recibir su legitimidad de su mandato social o bien, pueden usar a la sociedad como rehén para cumplir propósitos criminales, extralegales e inmorales de dominio y supremacía.


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Finalmente, la esperanza reside en que a pesar de que “la intención nunca corresponde al efecto” en la experiencia humana, el aprendizaje que tan trabajosamente hemos acumulado como patrimonio universal nos acerque cada vez más a una versión mejorada de nosotros mismos y de nuestros más legítimos anhelos.



Notas.

(1) El autor es consultor, capacitador y docente universitario en el tema de la comunicación organizacional. Puede ser contactado en la siguiente dirección electrónica: nosniks@prodigy.net.mx.

(2) Los lenguajes artificiales no sólo se refieren y se aplican a la tecnología, a la cual de hecho antecedieron. Se reconoce que los lenguajes artificiales son conjuntos o sistemas simbólicos cuyo vocabulario y reglas de uso se especifican para lograr mostrar ciertas funciones y resultados o demostraciones formales como es el caso en campos de conocimiento como la lógica y las matemáticas. Para una referencia más detallada de la diferencia entre estos dos tipos de lenguaje ver: “Artificial and Natural Languages”, en The Enciclopedia of Philosophy, Volume I, pp. 168-171.





















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Referencias bibliográficas.

Ackoff, Russell L., “Apuntes del Seminario Un enfoque sistémico de la Administración y la Organización, México, D.F.: Universidad Iberoamericana, 17 al 19 de noviembre de 1997.

Boorstin, Daniel J., Cleopatra’s Nose. Essay’s on the Unexpected, New York: Vintage Books, 1994. (Hay traducción al español en Editorial Crítica.)

Caton, Charles E., “Artificial and Natural Languages”, The Encyclopedia of Philosophy, New York: Macmillan, Volume I, 1967.

Drucker, Peter F., “The next society, A survey of the near future”, The Economist, November 3rd. 2001.

Morris, Charles, Signs, Language and Behavior, New York, 1946.

Morris, Tom, If Aristotle ran General Motors. The new soul of business, New York: Henry Holt and Company, 1998. (Hay traducción al español en Editorial Planeta.)

Nosnik, Abraham, “Linealidad, dinamismo y productividad en la comunicación humana y social”, en Nonotzan, revista del Centro de Invesrtigación de la Universidad del Tepeyac, Vol. I, No. 2, Marzo, 1996.

Nosnik, Abraham, El desarrrollo de la comunicación social. Un enfoque metodológico, México, D.F.: Trillas, 1991.

Nosnik, Abraham, “Sobre nubes, relojes y organizaciones. La efectividad del trabajo en la era global”, en Liz Hamui-Halabe (Compiladora) Efectos sociales de la globalización, México, D.F.: Noriega Editores, Colección Reflexión y Análisis, 2000.

Popper, Karl R., Búsqueda sin término. Una autobiografía intelectual, Madrid: Tecnos, 1985.

Popper, Karl R., Objective Knowledge. An evolutionary approach, Oxford: Clarendon Press, 1979. (Hay traducción al español en Editorial Tecnos.)

Russell, Bertrand y A.N. Whitehead, Principia Mathematica, Cambridge, 1903.