CUANDO LAS BALAS INTIMIDAN EL TRABAJO DEL REPORTERO
El papel personal y social que hoy ejercen los corresponsales de guerra en el mundo y en Colombia para enterar a esos públicos que siempre son heterogéneos, sobre los hechos, secretos, perversidades y horrores de la violencia, pocas veces es bien asimilado por los profesionales, entendido a plenitud, y sometido a un rigor ético que evite el control persuasivo y propagandístico impuesto siempre por los actores de los conflictos armados.
Ese es el argumento central que abordaré en este ensayo, para lo cual primero definiré al corresponsal de guerra, delimitaré su campo de acción en asuntos sumamente prácticos, dejaré en claro las cuatro bases empíricas que respaldan su labor, advertiré sobre las ventajas de hacer un trabajo motivado, libre de ideologías y finalmente expondré las perspectivas del oficio en un mundo globalizado.
Para comenzar, un corresponsal de guerra es un periodista reportero que hace trabajo de campo (poco de oficina) en zonas urbanas o rurales en un escenario de conflicto armado de baja o alta intensidad para informarlo a diversos públicos, conteniendo esta labor de registro, información fresca, eficiente, rápida, pasada por el filtro del rigor ético, y contextualizada, gracias a una capacitación integral sobre el desarrollo de la problemática en cuestión, la legislación nacional e internacional que aplica a los enfrentamientos armados de implicación política o militar.
Esta labor exige en el corresponsal una excelente capacidad de observación, de dominio de escenarios para entender la teatralidad de la guerra, de templanza y coraje para no desvanecerse ante la crudeza o presión de combates, acciones militares o terroristas.
También requiere una alta capacidad de reacción y de decisión pues conlleva generalmente a experimentar situaciones extremas de supervivencia para poder ser testigo de primera mano porque "Los reporteros siempre han corrido riesgos, siempre han sabido escurrirse y salvar los obstáculos.No somos del todo temerarios, sin embargo, sabemos que alguien nos paga el sueldo y que ese alguien espera que sigamos vivos para hacer el cuento। Los periodistas pueden escribir sobre los hechos heroicos, pero tienden a hacerlo desde detrás del muro, debajo del pajar o en la trinchera". Y lo hacemos para tener acceso a toda una cantidad de información que puede además estar en cualquiera de las siguientes posibilidades:
(a) hechos de violencia (desarrollo de formales combates, movilización y traslado de tropas o armamentos vías aérea, terrestre o fluvial, fuego cruzado en una acción beligerante, ofensiva militar "de hecho", estrategia de guerra de guerrillas, atentados terroristas con armas convencionales o no convencionales, secuestros de civiles, funcionarios, vehículos o aeronaves)
(b) crisis humanitaria producida por muertes, heridos, lesionados, refugio, desplazamiento, secuestros, incendios, saqueos y las acciones de salvamento o traslado de población que esto implica.
(c) Negociaciones de paz o acuerdos para cese el fuego, desarme, desmovilización, desmilitarización de áreas geográficas para atención de heridos, intercambio de prisioneros, liberación de secuestrados, etc.
(d) Decisiones políticas y militares de guerra o las que influyen o afectan las posiciones de beligerancia dentro de un conflicto armado.
(b) crisis humanitaria producida por muertes, heridos, lesionados, refugio, desplazamiento, secuestros, incendios, saqueos y las acciones de salvamento o traslado de población que esto implica.
(c) Negociaciones de paz o acuerdos para cese el fuego, desarme, desmovilización, desmilitarización de áreas geográficas para atención de heridos, intercambio de prisioneros, liberación de secuestrados, etc.
(d) Decisiones políticas y militares de guerra o las que influyen o afectan las posiciones de beligerancia dentro de un conflicto armado.
Pero para que las o las informaciones estén ajustadas a lo que se considera un trabajo profesional, La labor del corresponsal de guerra está respaldada y amparada sobre cuatro vértices que permiten sostener la pared de una eficaz acción comunicativa.
El de supervivencia y de conocimiento militar: El periodista debe aprender técnicas de supervivencia que le permitan afrontar una situación apremiante, de la misma manera que asimilar aspectos relevantes de la acción militar. Estas técnicas comienzan por aprender primeros auxilios médicos, portar y aplicar dosis de vacunas contra enfermedades como la gripe, malaria, fiebre amarilla y hepatitis, llevar consigo una brújula, agua fresca, y si es posible una máscara antigás. Además debe tener algún conocimiento en tratamiento de agua, obtención de fuego de manera rústica, del diseño de trampas para cazar pequeños mamíferos y aves, aprender a dormir sobre el piso de tierra o cemento, o en improvisadas camas sobre las ramas de los árboles.
En el aspecto de conocimiento militar el corresponsal de guerra debe saber la táctica de andar en grupos pequeños a distancia prudente, poseer confiables equipos de comunicación, llevar chaleco antibalas (si el caso es extremo) conocer algo de cartografía o por lo menos portar un mapa geográfico detallado de la zona, diferenciar y conocer los tipos de armamentos y transportes que se manejan en el conflicto, establecer las formas como están organizados los grupos combatientes, principales sitios de concentración, antecedentes históricos de las partes enfrentadas. También se debe entender que una estrategia de guerra es generalmente invisible por pertenecer al mundo de las ideas concebidas para algo, en tanto que la táctica produce resultados palpables, pero casi siempre lamentables. El de capacitación en fenomenología de los conflictos, así como la existencia o alcance de instituciones que protegen la labor del periodista o a la población civil o respaldan las fuerzas regulares de un estado.
En suma, poseer el conocimiento básico en el derecho nacional e internacional, porque el desconocerlo, nos lleva a cometer excesos que lesionan los intereses de los verdaderos afectados porque "en las nuevas democracias, los periodistas tienen que presentar y analizar los puntos de vista contradictorios del gobierno y la oposición y de distintos grupos de interés público। Este cambio radical exige un nivel mucho más alto de formación y de conciencia, algo que únicamente puede lograrse con la capacitación de los periodistas en todos los planos"
Por ejemplo es importante hacer notar que la guerra es la degradación de la política y que hay actores del poder que no pudieron o no quisieron evitarla, y hay protagonistas civiles que la sufren। Guerra y política están irremediablemente conectadas, y la primera con la ineficiencia de la segunda, trae descomunales consecuencias sociales, humanitarias y económicas a la población y a los estados.
Es importante recordar a los ciudadanos para quiénes informamos y que las guerras o conflictos son sumamente complejos, con enemigos impredecibles y de ideologías extremas que en un momento se pueden camuflar como amigos, o viceversa, que los actores no siempre tienen frentes de combates fijos para el choque frontal. Tampoco que están establecidos permanentemente en un lugar, sino que están acostumbran a moverse, mimetizarse, esconderse dentro de la población civil para enfrentar con más acierto y golpear eficazmente al oponente (Guerra de guerrillas), que por más que se desee no hay una plena ética de guerra, aunque ésta si se puede humanizar como lo intenta, al menos en la conceptualización, los Protocolos de Ginebra.
Sin embargo, es oportuno siempre resaltar que la legislación internacional emanada de la Organización de Naciones Unidas considera que en la guerra hay ciertos derechos y normas que se deben seguir también entre los mismos enemigos. La existencia objetiva de una guerra no conlleva, ni justifica a los participantes de la misma a perpetrar actos terriblemente adversos a la naturaleza humana como asesinatos con crueldad, causar heridas, lesiones o mutilaciones, secuestrar, extorsionar, ajusticiar extra judicialmente o cualquier otra acción grave contra la integridad personal.
Es importante hacer énfasis ante nuestros públicos, empero, que siempre hay salida o esperanzas de hallar una solución pactada por la vía política (menos costosa que la militar), diferenciar ante los ciudadanos lo que es un conflicto de baja y alta intensidad, una guerra regular de una irregular, determinar cuál es la parte dentro del conflicto posiblemente no equivalente a la otra, y por tanto que es parcializado desde nuestra labor, ponerlos en la misma balanza porque una puede representar terrorismo disfrazado y otra un gobierno legítimamente constituido, pero autocrático, conocer y explicar la importancia de que se cumplan los ya mencionados Protocolos de Ginebra (el I y el II protegen a la población civil), la gravedad de los crímenes de guerra, los de lesa humanidad।
El de la práctica de unos principios éticos comprometidos con la defensa de la verdad y de la independencia। Los primeros que sufren en una guerra son las personas por razones claras y luego la verdad porque en medio del juego de intereses y de unos campos de poder, ésta última casi nunca es completamente íntegra, objetiva, aun cuando siempre exista una realidad concreta। Sin embargo, y refiriéndonos a los actores, cada uno desde sus intereses, intenta persuadirnos con su discurso, la mayoría de las veces ideologizante, para lograr "vendernos" su mejor versión subjetiva. Estos principios deben obedecer a un marco ético en donde tenga cabida la imparcialidad o neutralidad con los oponentes en un conflicto, pero poniendo a cada quién en su justa lugar.
Quizá es también necesario que empecemos a repensar el acervo ético logrado hasta hoy en el periodismo, para ajustarlo a los desafíos que las guerras convencionales y los conflictos armados que hoy nos plantean. "Es precisa la regeneración ética, y también política, de una sociedad que ha convivido tantos años con la presencia de un referente violento que lo ha contaminado todo: ideas, palabras, silencios, actitudes, principios, proyectos, valores, símbolos, relaciones…"
Este marco ético debe priorizar el compromiso y la responsabilidad social, que de cualquier manera son valores que deben estar a prueba de presiones de grupos o estamentos armados, así como de ideologías। El compromiso y la responsabilidad social es un proceso inherente al acto de comunicar profesionalmente, y nos obliga a responder socialmente por nuestra actividad comunicadora. Esta práctica de una ética en la información de guerra debe llevarnos a la absoluta conciencia de que existen los otros profundamente próximos a nosotros; personas de carne, huesos y alma como el periodista, que sufren dolor, y que desde esa humanidad atribulada no tienen porque convertirse en un espectáculo para nuestros intereses, ni en manipulados símbolos de miseria para darle más fuerza a los titulares mediáticos.
De la misma manera, un corresponsal de guerra debe evitar "ir de incrustado", es decir, enrolado junto con las tropas de alguna de las partes contendientes, porque de esta manera hay mayor exposición al riesgo, se pierde independencia, autonomía y neutralidad. Por el contrario debe estar dispuesto a estar hoy aquí, y mañana allá, y para ello no debe haber ataduras ideológicas ni compromisos morales, salvo con la población civil.
El compromiso y la convicción de que para la empresa periodística o de comunicación la prioridad, antes que la noticia, la primicia o el reporte, es la seguridad del corresponsal y demás personal que le acompaña. No es suficiente, sin embargo, con que se garantice la integridad física del corresponsal.
Debe existir también los demás elementos necesarios que le den tranquilidad y garantía al comunicador para ejercer su trabajo (Al menos contrato integral de prestación de servicios incluyendo seguro de vida, seguro social y todos aquellos que garanticen la restitución por daños sufridos y secuelas derivadas de los mismos, o indemnización familiar en caso de pérdida de la vida ) así como los que le permitan hacer más creativa e inteligente su labor (Respeto y autonomía sobre las decisiones que adopte el comunicador para protegerse y cubrir de la mejor manera el conflicto, incluyendo la necesidad de exigir un relevo)। Hay otro tipo de medidas que le dan respaldo al corresponsal o reportero de guerra como el disponer de recursos económicos suficientes (no sólo los viáticos normales) para su movilización aérea, fluvial o terrestre.
Además debe haber una preocupación de la empresa comunicativa a fin de conocer las formas y horarios de desplazamiento del corresponsal de guerra, suministrar los elementos básicos para no tener tropiezos en la práctica de campo, como una credencial oficial de corresponsal de guerra con reconocimiento de organismo internacional, chaleco "multibolsillo", botas "pantaneras", ropa que se acondicione al clima, libretas de apuntes, baterías, grabadora, cámara fotográfica con sus respectivos lentes, una lista de teléfonos de emergencia del lugar así como de personas de la empresa o compañeros de trabajo, otra lista de hoteles o lugares recomendables y seguros, computador portátil, teléfono celular, y todos aquellos que faciliten la labor del corresponsal.
lA MOTIVACION EN EL CORRESPONSAL DE GUERRA
Para ser Corresponsal de Guerra se necesita una alta motivación que esté dirigida hacia la satisfacción profesional y hacia el riesgo, porque, aunque éste último no hay que buscarlo, si se debe tener conciencia de que en la práctica, existe. La motivación es una especie de impulso o fuerza vital que permite a los seres humanos moverse, a veces con mucho ímpetu en pos del cumplimiento de una meta o la obtención de un logro. Motivación, para el reportero de guerra, implica no detenerse ni rendirse, sino continuar por encima de todo (pero no de todos); y para el corresponsal, esta es una exigencia diaria, ya que no sólo se debe ser bueno profesionalmente, sino que se debe tener una buena capacidad de liderazgo para la toma acertada de decisiones.
Si esta motivación en el corresponsal de guerra, es plena, lo cual asegurará éxito en el trabajo a realizar, debe ser porque existe una buena dosis de satisfacción que puede estar generada por la convicción de que en ningún otro lugar estaría cosechando una mejor realización profesional al ser testigo de primera mano de algo que otros ciudadanos no pueden porque jamás tendrían acceso. También puede ser por la sensación de estar frente a una oportunidad de romper con la monotonía o la rutina del trabajo diario y de paso elevar el ego, viajar mucho, y estar bien acreditado en la empresa. También puede ser que lo que motive a un corresponsal de guerra hacer mejor su trabajo sea considerarlo como una opción más para probarse a sí mismo de ser una persona capaz de enfrentar retos de alto riesgo, de demostrarle a los jefes que merece un ascenso laboral o un aumento salarial.
En el corresponsal de guerra, la motivación está dada por varias circunstancias inherentes al desarrollo de la profesión de periodista. Especialmente por la presencia de una constante aventura profesional que permite flujos permanentes de adrenalina que le ponen en estado de excitación en su oficio, ante la sensación de riesgo sobre sí y sobre los demás, de observar injusticias, muertos, heridos, lesionados, campamentos de refugiados o desplazados, hospitales llenos de dolor, combates que hielan la sangre y aceleran el corazón, disparos y explosiones que producen pánico, escombros y miseria cayendo sobre nuestros hombros, combatientes sudorosos y convencidos de derrotar al enemigo, armas que a veces nos apuntan para intimidar nuestra labor, incomodidades severas cuando cubrimos los hechos violentos, funcionarios arrogantes e impenetrables, fuentes manipuladoras, presiones de los bandos e incluso de la población civil, y todo tipo de amenazas.
Desde luego toda esa excitación le permite al reportero de guerra hacer un arriesgado trabajo de campo, tomar actitudes y asumir comportamientos que en un estado de raciocinio pleno, lo pensaría más de dos veces por el temor propio que nos controla. Esto explicaría por que "(…) Para muchos periodistas, informar sobre la guerra, sobre los conflictos, es más apasionante que informar sobre la paz. Es una pasión, entendida en una doble acepción: por una parte, se padece, se sufre como ser humano ante la barbarie y el dolor de la sociedad civil como víctima indiscriminada de los ataques, y ante las bajas de los grupos enfrentados; y por otra, el entusiasmo y la exaltación que produce el acto de informar sobre los conflictos, en el ánimo de los periodistas".
Pero de cualquier manera el filtro ético tiene que estar presente para que la actuación apasionada del periodista no le permita extralimitarse। Y es que "(…)Se han escrito muchos tratados referidos a la información sobre la violencia, las guerras y los conflictos, y en todos ellos se insiste en el compromiso del periodista con la paz y la convivencia social. El enfoque y tratamiento de una información puede exasperar a las partes en conflicto y contribuir a su distanciamiento y crueldad, así como a lo contrario: al reconocimiento de su irracionalidad y a la necesidad de negociar sin llegar a un costo social muy alto en vidas humanas sacrificadas".
Pero un corresponsal de guerra, sea experimentado o aprendiz, puede pasar de un día de motivación y satisfacción, a un día de desmotivación y absoluta frustración sea por su propia causa o por agentes externos. La causa de ello puede ser desde unos casetes de video, escritos o rollos fotográficos enviados por carro o avión al medio para el cual trabajamos que nunca llegaron, unos pasajes de regreso o traslado que no aparecieron, el refuerzo de un colega que jamás llegó, una discusión en alto timbre con un compañero del equipo de trabajo, hasta una transmisión en directo que por alguna razón no pudo salir al aire, un material importante y de urgencia enviado por la internet que no fue tenido en cuenta, una discusión con el jefe porque no entendió el punto de vista de lo que en tierra, y no en su oficina, estaba sucediendo, un mal momento o problema familiar con el compañero o compañera sentimental, y mucho más grave: heridas o daños causados por estar en una zona de combates. Y desde luego, por ser unos débiles seres humanos, nos puede asaltar un repentino acceso de depresión por contemplar acciones injustas, deshonrosas, desiguales y dolorosas a que son sometidos los niños y niñas, personas de la tercera edad y mujeres embarazadas cuando les obligan a estar en una guerra.
EL DISCURSO IDEOLOGIZANTE
En la guerra, y los conflictos armados, las partes combatientes siempre poseen un discurso "ideologizado" e "ideologizante" producto de lo que consideran esa convicción absoluta que les permite estar vivos y preparados para enfrentar al "enemigo". Sin perjuicio o menoscabo de la razón que les asiste para participar activamente en un conflicto, el poder de la palabra cobra inusitada importancia para los protagonistas en épocas de guerra, y esta fuerza retórica casi siempre se transmite de manera vehemente a los corresponsales de guerra.
Es entonces cuando los periodistas influenciados (o algunos obnubilados?) por los tecnicismos de la guerra que les permiten ahorrar tiempo en buscar sinónimos, termina utilizando expresiones, frases y muletillas propias de una de las partes, como "lucha frontal y sin tregua contra el terrorismo", "neoliberalismo de rapiña", "bandoleros de la patria", "imperialismo yanqui", "acciones concretas contra los Nuevos Ejes del Mal", "muertes por fuego amigo" (¿puede haber por sí, y en sí, disparos confiables en una guerra que produzcan muertes y puedan ser catalogados por el periodista, verdaderamente como fuego amigo? ¿Un fuego amigo es el que produce en los combatientes o civiles al margen del conflicto, heridas, lesiones o la muerte?)
En Colombia por ejemplo, el discurso militar del gobierno, y de manera reprobable, a veces de los periodistas, es "patriótico". Como explicación se argumenta a veces que sucede porque se trata de un conflicto de casi 50 años que ha puesto a prueba el sistema democrático y los estamentos de la república, y ha deshumanizado el combate.
Se da el caso en algunos reporteros de haber incorporado a su discurso personal y estilo de redactar, frases que les parecen comunes, pero que son las mismas expresiones parcializadas que utilizan los mandos militares. Lo aconsejable es siempre tomar distancia frente al poder del verbo guerrerista. "Que es muy difícil la neutralización en medio del fuego cruzado de palabra, de versiones y de intereses y también de balas, es muy difícil, sin duda; pero es que si algo hay que pedirle al periodismo es distancia para que la opinión pública tenga al menos el recurso de recurrir a él como al pedacito de ecuanimidad que queda. Que nos queda. Eso no está pasando. Tanto no está pasando, tan contaminado de rencillas y de partidismos está este periodismo colombiano de ahora que son miradas externas que nos hacen caer en cuenta del camino errado por el que vamos (…) en un foro en Bogotá Bastenier juzgó que la crisis humanitaria que padecemos en el país ha hecho tomar partido al periodismo y que esa es la mayor perversión por la que pasamos, porque el periodismo no está hecho para eso ni para defender porque sí ni para atacar porque no, porque no se trata de un oficio propagandístico" .
Cuando un corresponsal de guerra acepta incorporar en su discurso y en la redacción de los textos, palabras o términos que son privativos de las partes combatientes, puede además estar siendo utilizado para fines ideológicos sin percatarse de ello. La propaganda es una forma persuasiva de vender ideas para lograr un adoctrinamiento en un fin específico, trátese de un asunto político, religioso, filosófico o ético. Es decir, la propaganda va con fuerza a conmover el pensamiento para cambiar una idea o forma de vivir que ya hace parte de las abstracciones asentadas en nuestro cerebro, más que buscar en sí la promoción de un producto como lo consideran algunos reporteros.
En las guerras pasadas, modernas o postmodernas, esta forma persuasiva ha sido muy eficaz para convencer de proyectos mesiánicos o ideológicos, como lo fuera el otrora Ministerio de Propaganda de Adolf Hitler en la Alemania nazi, antes, durante y después de la II Guerra Mundial, o como sucede, hasta cierto punto, con el discurso de la Guerra contra el Terrorismo y contra los Nuevos Ejes del Mal del presidente estadounidense Jeorge Bush.
EL DESAFIO DE LA GUERRA INTERNACIONAL.
Los actuales corresponsales de guerra enfrentan un enorme desafío internacional, en estos días। Por un lado la mundialización de la estrategia norteamericana de la lucha contra el terrorismo, y por el otro, que muchos conflictos se están magnificando y tornando abiertamente deshumanizados con la práctica misma de ese terrorismo. A esto se le anexa unas circunstancias que influyen sobre la labor comunicativa. Mientras las historias o los sucesos de violencia, producto de una intensa cobertura de los corresponsales de guerra, se escuchan y repiten gracias a la impresionante red mundial de medios, los países que inventaron la globalización promueven los conflictos, se declaran neutrales en unos pocos y olvidan los otros. Esto crea un inquietante círculo vicioso, porque entonces los corresponsales de guerra tendrán más violencia qué contar, en medio del agite del mundo cotidiano, pudiendo más fácilmente perderse en los laberintos de la retórica postmoderna que genera descontextualización de los sucesos, desconexión con los ciudadanos y confusión de las realidades.
Y en medio de este "sistema mundo" del que nos habla Edgar Morín, y retomando sus conceptos, se asoma un peligroso imperio de alcance internacional y multinacional en lo económico, político, tecnológico y cultural: El de Estados Unidos, que quiere imponer sus reglas de juego para erigirse como ese policía universal con la autoridad para acallar por la fuerza supuestos "enemigos de occidente" calificados como terroristas o miembros de los Nuevos Ejes del Mal, sin importar cuántas vidas deban desaparecer de la faz de la tierra y cuántas guerras deben ser propiciadas sólo para contar con el derecho de hacerse escuchar e imponerse sin resistencia। ¿O no fue esto lo que ocurrió en la reciente confrontación en Irak?.
Por eso, hoy más que nunca, el reportero de guerra debe estar preparado en las complejidades de los principales conflictos mundiales, conocer los diversos frentes de las realidades políticas, económicas, sociales y culturales de la geopolítica mundial para aprender a hacer habilidosas lecturas de los sucesos locales, regionales e internacionales, presentar información más contextualizada y analítica que sea productiva para los públicos y ser más crítico con las posturas ideológicas de quienes protagonizan formalmente la violencia y le niegan a los demás seres humanos, la posibilidad de la paz।
Quienes en algún momento de la vida cubrieron la violencia colombiana o mundial, debemos ahora cuestionarnos por ese papel realizado y el que dejamos de ejecutar con sentido humanista. Es hora de ver para los lados que siempre nos negamos con templar porque un periodista integral no puede jamás escaparse de su sino eterno que nos concede la profesión: el deber y el compromiso social.