viernes, 25 de mayo de 2007

SOBRE EL REFUGIO 1 Cuando se violan los derechos de los extranjeros

Por José Antonio Jiménez Narváez.
Periodista de paz.

Este artículo fue escrito en el 2003 por el autor mientras se encontraba en condición de asilado en México, tras afrontar amenazas de muerte. Luego se vinculó al movimiento de refugiados, mientras ejercía el periodismo y la cátedra universitaria.

En lo más interno, no hay nada tan triste para el ser humano que ser desarraigado de su entorno natural por la fuerza, sometido a los aprietos, en medio de la zozobra, para buscar seguridad física, biológica, social, cultural, política y económica en otro lugar, asimilar una nueva cultura, reasumir otra identidad, añorar la comida que le ha acompañado desde niño, su círculo familiar inmediato, su sociedad, acoplarse a formalidades civiles diferentes que le permitan sentirse ciudadano para no permanecer enteramente aislado y anónimo. Pero el ser humano es de costumbres y de vivir grupalmente, y generalmente logra adaptarse.

En ese exitoso proceso de reafirmación y redefinición fundamentalmente interviene la calidez y la amabilidad de las personas que son los naturales del lugar, que lo acogen en su tierra como si se tratara de uno más de los suyos. Si por el contrario, el rechazo o la discriminación hacen parte del entorno diario que vive el visitante, el proceso no sólo es traumático sino intensamente perjudicial sobre la esencia de la persona y sobre su familia. Se causa una honda lesión moral.

Desde Platón cuando dijo que “toda falta cometida contra el huésped es una de las más graves faltas que pueden cometerse contra una divinidad vengadora. El extranjero, de hecho, aislado de sus compatriotas y su familia debe ser objeto del más grande amor de parte de los hombres y de los dioses”, hasta el artículo 14 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que dice que “en caso de persecución, toda persona tiene derecho a solicitar asilo y a disfrutar de él”, las mismas sociedades respetuosas del derecho internacional han querido en cierta medida preservar este sentir filosófico (moral y ético) o ideológico (político o religioso) a través de la leyes gubernamentales.

Pero este ideal, no siempre ha sido sanamente aplicado por los gobernantes. Y así vemos, que aún tres años después de haber comenzado un nuevo siglo en occidente, muchos países no acatan a plenitud de la Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados, ni las demás normas y convenios internacionales vigentes sobre la protección a los extranjeros, pues se argumenta para su expulsión o deportación, normas internas de Seguridad Nacional. Muchos países han endurecido sus legislaciones, o las prácticas de las vigentes, para impedir el supuesto ingreso a sus territorios de “terroristas” o miembros de los llamados “nuevos ejes del mal”.

Basta observar cómo, luego de los atentados del 11 de septiembre en los Estados Unidos, y de la retaliación de este país contra el régimen Talibán, y la persecución de éste contra muchos de sus nacionales se originó el éxodo en el 2001 de más de 200.000 personas, que se sumaron a los 3.5 millones de afganos fuera del país. Muchos sin embargo, no fueron asilados por otros países, denunció entonces el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR.

Australia por ejemplo se negó a dar refugio a 430 personas que venían en un barco, la gran mayoría afganos que huían de su país, alegando que después de los atentados en los Estados Unidos, debía controlar la adjudicación del derecho de asilo para que no llegara a la nación, presuntos terroristas. Las Islas Caimán también rechazó solicitantes de asilo afganos, y lo hicieron también los Estados Unidos.

También después de los atentados, el vecino país restringió fuertemente el ingreso de mexicanos en su frontera y adoptó severos controles para evitar que llegaran más indocumentados o solicitantes de asilo, en tanto que tras el conflicto armado sostenido con Irak y conocerse la posición oficial del gobierno de Vicente Fox, ahora este país en la práctica, se niega a darle solución al problema de los 3 millones y medio de nacionales que carecen de documento migratorio.

Mientras tanto siguen produciéndose los maltratos, violaciones, casos de tortura y homicidios contra los indocumentados mexicanos que son sorprendidos pasando la frontera. Las denuncias de la existencia de grupos de cazadores estadounidenses muy violentos que persiguen como animales a los mexicanos y los matan a bala para evitar que logren llegar a las ciudades, es algo que viola no sólo el derecho a la vida, sino también el de el debido proceso, un juicio justo, y otros más.

En ese país, desde el acto terrorista contra las Torres Gemelas y el edificio del Pentágono, también se ha restringido la llegada de colombianos, argentinos y venezolanos, países que hoy viven problemas de violencia, o severas crisis económicas. En Colombia, obtener asilo para refugiarse en los Estados Unidos, es casi imposible. Las citas para ser escuchado por un funcionario de la embajada pueden llegar a tardar meses. Pero luego, Las audiencias para solicitud formal de la visa se tardan el doble y el colombiano siente que fácilmente puede emular “El coronel no tiene quién le escriba”, la novela de Gabriel García Márquez.

Las restricciones contra los migrantes ocurren sin embargo, no sólo en la frontera con los Estados Unidos. También sucede en la frontera de México con Guatemala y el Salvador y en los demás países centroamericanos. Y de Colombia con los ecuatorianos o peruanos. “En los últimos meses, como parte del plan antiterrorista implementado por las fuerzas de seguridad del territorio centroamericano, se ha conocido de intercepciones de migrantes de diversas nacionalidades a quienes por su condición de extranjeros, se les investigó por presuntos nexos con acciones terroristas. A sí mismo, hemos podido constatar que personas sudamericanas portando sus documentos migratorios, son detenidos ilegalmente y conducidos a los denominados “albergues” desde los cuales se les deporta, en algunas ocasiones sin procedimiento legal alguno”, dijo Jessica Solano, Procuradora de los Derechos Humanos de Guatemala en un seminario internacional sobre flujos migratorios en México, el año pasado.

Con esto, queda claro que las autoridades de muchos países, que aún siendo generadores de migrantes, en la práctica, no aplican u obedecen el derecho internacional de los extranjeros. Nada se podría argumentar en contra de quien habiendo llegado a un país, cometa delitos, atente contra la seguridad nacional y ponga en peligro la soberanía del territorio que lo acoge. En ese caso, si tiene regularizada su situación migratoria, procede su expulsión. Si no, se acude a la deportación, en países en donde se establece la diferencia entre las dos figuras. Pero cuando no hay legítima causa, tomar acciones de hecho para evitar la presencia de no nacionales, es violatorio de los derechos internacionales de los extranjeros.


SOBRE EL REFUGIO 2.

REFUGIADOS: OTRA CARA DE LA DISCRIMINACIÓN

El pasado viernes, y luego el domingo, en México, las autoridades de migración del país y la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR, en México, celebraron el día Mundial del Refugiado, de la misma manera como se realizó en más de 156 países en el mundo el 20 de junio. La mayoría de los cuales fueron los mismos que en 1951 firmaron la Convención de Ginebra sobre los refugiados, como forma de ayudar a los perseguidos de la Segunda Guerra Mundial, y en adelante a toda persona en similares condiciones, así como los que suscribieron el Protocolo de 1967 para “abordar las causas de los movimientos refugiados, así como para prevenirlos”.

La conclusión de la ACNUR en este país respecto a la protección internacional y de las autoridades de migración nacionales, es que en México se abre las puertas a cualquier extranjero, que llenando los requisitos respectivos de selección (para no beneficiar a tramposos criminales o terroristas de acuerdo a la Convención de 1951 contra el terrorismo), solicita asilo y se le concede a través de la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado, COMAR, entidad que depende de la Secretaría de Gobernación, la ACNUR y Sin Fronteras, organización civil que ayuda y orienta a los perseguidos.

Esto es sinceramente discutible. En mi caso individual, siempre mi grupo familiar inmediato y yo fuimos muy bien tratados tanto por las autoridades como por las personas de este gran país, los Estados Unidos Mexicanos. Pudimos rápido incorporarnos a la fueza productiva y cultural de este país. Pero para otros muchos no se hace lo suficiente y desde el comienzo estos ciudadanos del mundo enfrentan tres poderosos traumas: Estar separados de sus familias, personas queridas y amistades residenciándose en un país con otra cultura, y quizá con idioma diferente al suyo; buscar una formal seguridad económica a través del desempeño de algún trabajo u oficio porel que, cuando se logra en el mejor de los casos, no se le paga en justicia, y finalmente ser relegados dentro del país a bajas opciones educativas, sociales y políticas. Muchas veces sus necesidades básicas no son plenamente satisfechas.

En México hay más de 5 mil refugiados de acuerdo con las cifras de la Comisión de Ayuda a Refugiados, Comar, que han llegado en la última década, huyendo de la violencia y buscando nuevas oportunidades para volver a comenzar un nuevo proyecto de vida. Muchos no sentimos la discriminación. Pero otros hablan de ella todo el tiempo.

Guatemaltecos, nicaragüenses, salvadoreños, colombianos, peruanos, chilenos, iraquíes, iraníes, afganos, costamarfileños, pakistaníes, angoleños, rusos, sierraleoneses, nigerianos, afganos, perseguidos provenientes de Kongo Kinshasa, Congo Brizaville, Bangladesh, Sudán. Todo una inmensa gama de hombres y mujeres de tantas nacionalidades y de diferentes culturas reunidos en un país, que no obstante tiene tradición de ofrecer refugio y ayuda humanitaria. Todos ellos comparten una realidad, que les es común: son perseguidos políticos o por sus ideas, o por su profesión, por fuerzas hostiles, armadas legales o ilegales, grupos de exterminio, delincuencia organizada, terroristas.

No obstante, el gran interés del gobierno mexicano para continuar con esa tradición humanitaria y apegada a los tratados internacionales suscritos sobre la materia, muchos refugiados se quejan que en México no obstante, son fuertemente discriminados.

“Soy ingeniero químico y farmaceuta, pero desde que llegué aquí en lo único que me he podido desempeñar es como profesor de inglés. No me aceptan en otra cosa porque soy de una cultura diferente, y de un país donde hay mucha violencia”, me respondió a una pregunta específica Khaled Abbas, un hombre de 31 años, luego de haber bailado danza de su nación ante la comunidad de refugiados establecidos en México, el pasado domingo, y tras contarme que perdió parte de su familia porque lo calificaron de ser un riesgo para la tranquilidad de la nación.

“Somos médicos y no podemos ejercer aquí. Trajimos todos nuestros documentos y títulos desde Colombia, pero eso no fue suficiente para la Secretaría de Educación, que pone demasiadas objeciones a los estudios de los refugiados. Desde que estamos aquí, no hemos podido ser contratados. Mi esposo hace labores de corrección de estilo en una revista y por eso le pagan muy poco”, sostuvo María Isabel, médica Colombiana, quien a sus 43 años, apretaba fuerte entre sus dedos, las manos de su esposo de 47 años, del mismo país.

Rousse Munene, una joven y hermosa mujer de color, también refugiada del continente africano, me explicó que se siente profundamente rechazada cada vez que va a solicitar un trabajo en México, a pesar de tener estudios profesionales en Negocios y Comercio Exterior, y hablar cuatro idiomas. Llegó a México, por persecuciones contra su familia, y sistemáticas amenazas de muerte.

“Siento que en mi caso, los mexicanos han sido muy machistas, y además racistas. Incluso un empresario me dijo que los negros no tenían cabida en este país, y más si venían a quedarse con las oportunidades de trabajo de los mexicanos”, indicó.

Estos tres ejemplos con refugiados de carne y hueso que hoy viven en Ciudad de México, nos hacen pensar cuán lejos está el día en que las leyes y tratados internacionales que se suscriben pos parte de países como México, aún distan mucho de su aplicabilidad en la realidad social.

A esto se añade las denuncias de miles de refugiados mexicanos o no, en los Estados Unidos, que después de los atentados en los Estados Unidos, el 11 de septiembre de 2001, con la entrada en vigencia del Acta de la América Unida y Reforzada mediante la Creación de los Mecanismos necesarios para Interceptar y Obstruir el Terrorismo, obtener asilo y protección es cada vez más difícil, casi que imposible.

Esto plantea un reto para México y los demás países del mundo. La convulsionada realidad de miles de países en esta época que hacen a millones de personas soportar fanatismos religiosos, políticos, económicos, raciales, ideológicos o sociales, debe llevar a las naciones no sólo a cumplir al pie de la letra los tratados internacionales del refugio, el asilo y la obtención de la nacionalidad, sino también a lograr un gran consenso y voluntad política para que las normas internas vigentes se fortalezcan a fin de no excluir de un mejor futuro a los miles de refugiados, que como en México, creen haber encontrado un nuevo hogar en donde pueden hacer realidad sus sueños, continuar transitando senderos de esperanza, paz, tolerancia y comprensión.